Costa Oeste Estados Unidos

Un pedacito de la Ruta 66 en la Costa Oeste

28 enero, 2019

La Ruta 66 es el roadtrip por excelencia. El sueño de cualquier viajero motorizado, ya sea en coche o en moto. Una ruta que es histórica por cruzar de este a oeste Estados Unidos, desde Chicago hasta Los Ángeles. Una carretera que, durante años, ha hecho soñar a miles de viajeros de todo el mundo.

Pues aunque la Ruta 66 no era el fin último de este roadtrip por la Costa Oeste, no nos queríamos perder el tramito que hay desde Los Ángeles hasta el Gran Cañón. Un día entero por una polvorienta carretera y bajo un sol abrasador eran el precio justo para sentir la magia de la carretera más famosa del mundo.

Pero, ¿de dónde le viene la fama a la Ruta 66?

En la década de los 20, esta carretera fue señalizada e incluida en la Red de Carreteras Federales de Estados Unidos. Pero no fue hasta los años 30 cuando alcanzó su mayor apogeo. En esta década tuvo lugar uno de lo mayores desastres ecológicos del siglo XX. Una sequía provocada por tormentas de polvo obligó a muchas familias granjeras de Oklahoma, Kansas y Texas a dejar sus hogares para ir trabajar la agricultura a California. El lado positivo es que las poblaciones por las que pasaba la Ruta 66 se vieron beneficiadas. La popularidad que alcanzó esta carretera provocó el auge de los negocios de la zona como restaurantes, moteles o estaciones de servicio.

Este importante capítulo de la historia de Estados Unidos queda muy bien recogido en Las uvas de la ira. Esta novela del californiano John Steinbeck, trata sobre la emigración de los granjeros de Oklahoma a California como consecuencia de las tormentas de polvo. La historia ganó el premio Pulitzer y popularizó aún más la famosa carretera. Además, la novela se refiere a la Ruta 66 como Mother Road (carretera madre), un sobrenombre muy común para referirse a ella.

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El declive de esta famosa carretera llegó en los años 50, pero no fue hasta 1985 cuando fue oficialmente retirada de la Red de Carreteras de Estados Unidos. Por entonces ya estaba operativa la Red de Autopistas Interestatales, que supuso una verdadera revolución en la mejora de las comunicaciones en Estados Unidos.

Pero la esencia de la Mother Road seguía muy latente. Así que en la década de los 90 diferentes asociaciones se esmeraron en volver a darle la importancia y el protagonismo que tuvo en su día. Desde entonces, la Ruta 66 se ha convertido en objeto de deseo de miles de viajeros, así como en un excelente producto de marketing.

Ruta 66: de Los Ángeles al Gran Cañón

Es una etapa larga y con muchas paradas interesantes, por lo que conviene madrugar. Mi recomendación es que te dejes llevar por la carretera y vayas parando donde te apetezca. Aún así, creo que es importante llevar un itinerario aproximado de por dónde vas a pasar. Te será muy útil cuando te salgas de la Ruta 66 sin darte cuenta y quieras volver a ella. A veces cuesta un poco retomarla porque no está muy bien señalizado.

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Nuestra primera parada fue para desayunar en el Peggy Sue’s de Barstow. Este famoso dinner ambientado en los 50 sirve unos platos bien contundentes y unos batidos de escándalo. ¡Menuda forma de empezar el roadtrip! El sitio es bastante llamativo y bonito de ver, aunque para mi gusto demasiado enfocado al turista. Por suerte no había casi gente y pudimos sentarnos en la primera sala, que es un poco más auténtica.

Hasta Barstow no llegamos por la Ruta 66 porque no logramos dar con ella. Sin embargo, desde aquí ya la cogimos sin problemas hasta nuestra siguiente parada: Newberry Springs y el Café Bagdad. Este lugar se hizo bastante famoso por una película de 1987 que lleva su nombre. Bagdad Cafe es una comedia alemana que transcurre en este local del desierto de Mojave.

Seguimos por la Ruta 66 prácticamente solos y bajo un sol de justicia. Y recalco lo de solos porque no nos lo esperábamos. Llevábamos la idea de que siendo agosto iba a estar todo a tope, así que encontrar esta larga y polvorienta carretera prácticamente deshabitada nos sorprendió gratamente. Aunque sí es verdad que las paradas más turísticas tenían bastante gente, lo que es la carretera estaba vacía.

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Nuestra siguiente parada fue el pueblo fantasma de Oatman. Decidimos no parar en el famoso Calico porque te cobran la entrada e imaginamos que eso podría asemejarse más a Port Aventura que a un antiguo pueblo minero. Bueno, pues Oatman, aunque gratis, te deja casi con una sensación parecida. Está repleto de restaurantes y tiendas de souvenirs, además de plagado de burros salvajes que si te descuidas te regalan una coz. Desde mi punto de vista, bastante prescindible, la verdad.

Llegamos a Kingman una hora más tarde, justo para comer una hamburguesa en el famoso Mr. D’z. Este dinner me gustó mucho más que el Peggy Sue’s. La hamburguesa estaba buenísima, aunque también es cierto que teníamos bastante hambre. Me dio la impresión de que no está tan enfocado en el turista si no en darte de comer. ¡Y eso se agradece! El edificio además es súper fotogénico: verde y rosa y con una camioneta chevrolet en la puerta. Al lado está la vieja locomotora Santa Fe, que fue donada en 1953 a Kingman después de realizar 2 millones de millas entre Los Ángeles y Kansas City. Y justo en frente está el museo de la Ruta 66 que cierra a las 17h.

Seguimos unas cuantas millas más por la Ruta 66 hasta llegar a Hackberry General Station. Esta antigua gasolinera es otro sitio la mar de fotogénico, además de concurrido. Parar aquí es como retroceder 60 años y aparecer en la época dorada de la mítica carretera. Y aunque lleva cerrada desde finales de los años 70, esta estación de servicio es una parada obligatoria. La tienda merece mucho la pena. Tiene auténticas piezas de museo y también muchos souvenirs de la ruta.

Llevábamos 10 horas en ruta y por fin llegamos a Selingman. ¡Qué fantasía de lugar! Pero lo mejor de todo es que lo disfrutamos solos. ¡Qué gozada! Hay que reconocer que es un puro decorado, pero nos lo pasamos genial correteando de un sitio a otro haciendo fotos. Da gusto tomarte tu tiempo sin que nadie se cuele en tu encuadre.

Una bandera gigante de Estados Unidos pintada en una pared, coches antiguos, un letrero de un motel, un mural de la Ruta 66, motos… Con semejante escenario, ¡nos recreamos de lo lindo!

Williams fue nuestra última parada. Por el ambiente que nos encontramos, se nota que es un clásico de la vieja carretera. Moteles, restaurantes, bares, tiendas de regalos… todo dedicado a la Ruta 66 y a sus conductores. Aunque llegamos de noche, aprovechamos para dar una vuelta rápida y tomar una cerveza en Cruiser’s Cafe. El sitio estaba de lo más concurrido y animado gracias a un tipo que no paraba de versionar grandes clásicos del repertorio americano como Sweet Home Alabama, American Pie, Sweet Caroline… Su cercanía al Gran Cañon convierte a Williams en una excelente opción para hacer noche, pues la entrada al South Rim está a 1 hora aproximadamente.

Hasta aquí una de las etapas más largas, si no la que más, de nuestro roadtrip por la Costa Oeste de EEUU. Es un buen aperitivo a lo que puede convertirse en otro gran viaje: recorrer la Ruta 66 desde Chicago hasta Los Ángeles. ¡Merece la pena experimentar lo que se siente!

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4 Comments

  • Reply
    miriam
    30 enero, 2019 at 22:35

    Magnifico post
    Invita hacer la Ruta 66

  • Reply
    Eluleka
    28 enero, 2019 at 21:30

    Toda la ruta 66 es muy peculiar, pero lo de Seligman para mi es un caso aparte, es de los lugares mas frikis que he
    visto. Por un lado es super fotogénico, pero por el otro incluso sabiendo que es un decorado te desconcierta, no sabes que hacen ciertas cosas allí. En ese sentido me gusto mucho más Hackberry General Station, supongo que era más lo que te esperas encontrar en la ruta 66.

    • Reply
      Marta Aguilera
      29 enero, 2019 at 16:35

      Sí! Es un sitio muy loco. Como si fuera un cementerio de cacharros muy pintoresco. Hackberry Station también nos gustó mucho, pero es cierto que allí encontramos a muchísima gente. Sin embargo Selingman lo tuvimos enterito para nosotros solos. Eso es un plus y hace que veas los sitios con otros ojos, jejeje.

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