Uruguay

Montevideo es como un amor de verano

12 enero, 2016

Cuando decidí pasar 5 meses trabajando en Montevideo, jamás pensé que me llevaría un trocito del paisito en mi corazón. En ningún momento se me pasó por la cabeza que podría querer y añorar tanto un lugar que no fuera mi querido Madrid. Porque una relación de amor y cariño conlleva trabajo, esfuerzo, tiempo, arraigo… y lo cierto es que no sabía que en tan pocos meses acabaría sintiéndome como la hija del mismísimo General Gervasio Artigas.

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Y es que la capital uruguaya tiene ese je ne sais qoui que te atrapa, te enamora y se te queda clavada en el corazón para siempre. Chiquito pero matón, mi Montevideo querido es una ciudad con una escena cultural impecable; con una imagen decadente que se te queda grabada en la retina para siempre; con una gente que irradia felicidad, amabilidad y generosidad por los cuatro costados; y con una cultura gastronómica que hizo que volviera a Madrid con varios kilos de más y echando de menos sus asados de los domingos.

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Porque Montevideo es como un amor de verano. De esos de los que te tienes que despedir cuando más hasta las trancas estás. De esos que consiguen hacerte pronunciar tímidamente un te-quie-ro el día antes de la partida. De esos que tus padres no aprobarían jamás que siguieras con ellos. De esos en los que piensas cuando tienes un mal día y una sonrisa enorme se te dibuja en la cara. Porque Montevideo fue como un amor de verano pero en pleno invierno.

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Qué ver en Montevideo

Lejos de ser una capital con impresionantes monumentos y una belleza de infarto, Montevideo se perfila como una ciudad modesta y con la que tomarse su tiempo para conocerla. Olvídate de sentir un flechazo nada más bajarte del avión y de notar como tu corazón palpita mientras cruzas los barrios que te llevan del aeropuerto al centro. Nada de eso pasará. Pero te prometo que si le concedes un poco de tiempo, acabará por robarte el corazón. Y eso, amigo mío, es algo que no recuperarás jamás.

Para mí, uno de los principales atractivos que tiene Montevideo es su rambla. A diferencia de su vecina Buenos Aires, la capital uruguaya se ha construido mirando al mar y por lo tanto la rambla es uno de los puntos de reunión más importantes de la ciudad. Mide 30 kilómetros de largo (ahí es nada) y cada tramo recibe el nombre del barrio al que pertenece. Yo, por ejemplo, siempre me dejaba caer por la de Pocitos.

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Y si hablamos de la rambla de Montevideo tenemos que mencionar el mate. No puedes ir a la rambla sin la matera y el termo. Los uruguayos matean a todas horas y si quieres sentirte como uno más, al menos deberás darle un par de chupadas a la bombilla y dejar que el ardiente amargor del mate te atraviese la garganta. No pasa nada si no te gusta a la primera, al quinto sorbito verás como no podrás dejar de matear.

Si ya te volviste un adicto al mate (ojo y no abuses que es excitante y no te dejará pegar ojo por la noche), ha llegado el momento de que tengas el tuyo propio. Y para ello lo mejor es acercarse por Tristán Narvaja un domingo por la mañana y bichear entre sus puestos de antiguo. Esta feria es un mercado de pulgas como el rastro madrileño, y aunque no entenderás casi nada de lo que veas, te darás cuenta de la ilusión con la que miran ese cachibache que veían en casa de sus abuelos o con esa figurita (cromo) antigua de La Celeste.

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Y es que Uruguay es uno de los países más futboleros del mundo. Ver un partido en el Estadio Centenario es todo un espectáculo, sobre todo si tienes la suerte de coincidir con el gran clásico Peñarol-Nacional. Vítores, pancartas, cánticos… una afición vibrante que hace grande a un país tan chiquito. Este estadio es uno de los monumentos más importantes del fútbol mundial y en él se disputó la primera Copa del Mundo en 1930 que, por cierto, ganó Uruguay.

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La Avenida 18 de Julio es la arteria principal de Montevideo. Una costura que divide en dos a la capital uruguaya y que sube desde la Plaza de la Independencia hasta el Obelisco en parque Batlle. Una larga avenida que deja en sus veredas parques, plazas, cines, teatros, librerías de segunda mano, puestos de panchos y tortas fritas, la Universidad de la República… Una vía llena de vida en la que se siente el pálpito de una ciudad tranquila.

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Pero la tranquilidad de las calles montevideanas solo se ve alterada por el sonido del candombe, una danza negroafricana que tiene su origen hace más de doscientos años con la llegada de esclavos de África. Chico, repique y piano son los ritmos del candombe, mezclados con alguna guitarra, que resuenan cada domingo por la tarde en los alrededores del Parque Rodó.

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Este parque es uno de los más famosos de Montevideo. El lugar perfecto para hacer un picnic de fin de semana, practicar un poco de deporte (llama bastante la atención lo deportistas que son los uruguayos), alquilar una barquita para navegar por el lago o sentarse mirando al río de la Plata mate en mano y un buena conversación con amigos.

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Volviendo al candombe, esta danza surge en la época colonial como el principal medio de comunicación de los africanos esclavizados que desembarcaban en el puerto de Montevideo. Numerosos investigadores aseguran que el Candombe, a través del desarrollo de la milonga, es un componente esencial en el origen del Tango. En realidad, forman un tríptico musical proveniente de la misma raíz africana, pero con evoluciones distintas. ¿Ahora quién es el listo que se atreve a decir que el tango nació en Argentina?

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Y hablando de tango y milongas, no puedes irte de Montevideo sin aprender unos pasitos de baile. ¿El mejor sitio? El Pisotón y sus martes de milongas. Y si ya no se celebran (yo iba allí hace 5 años), las milongas de los martes en Joventango son también una buena opción. No te garantizo que vuelvas a España hecho un experto tanguero, pero sí te aseguro que acabarás enamorado de la sensualidad de este baile.

Si quieres seguir empapándote de todo lo que se mueve alrededor del tango, pásate por Baar Fun Fun y pide un chupito de Uvita. Este vino dulce artesanal es símbolo de este local y un clásico de Montevideo. Fundado en 1895, Fun Fun es un bar de identidad tanguera por el que han pasado grandes artistas nacionales e internacionales como Carlos Gardel y que bien queda reflejado en sus paredes.

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Siguiendo con tradiciones culinarias, el chivito uruguayo es el plato más socorrido, delicioso y calórico para el típico día tonto en el que tienes ganas de algo contundente y la flojera te impide cocinar. Es un sandwich de carne con lechuga, tomate, mayonesa, bacon, huevo frito y jamón. Este es el canadiense, que es el más tradicional, pero existe una amplia carta para todos los gustos ¡incluso para vegetarianos! aunque en este caso creo que pierde bastante su esencia.

Tampoco puedes irte de Montevideo sin probar un buen asado. Lo ideal es que un uruguayo te invite un domingo a un asado en su casa, pero si no se da el caso, siempre puedes acercarte a alguno de mis restaurantes favoritos de la capital: El viejo Blanes en Parque Rodó, Los Yuyos en El Prado y La Estada en Pocitos. Por unos pocos pesos saldrás de allí con el estómago lleno y una sonrisa enorme en tu cara. Te aseguro que volverás a Madrid y te reirás en la cara de tu carnicero cuando te hable de los cortes de la carne y de sus precios.

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Y llegamos a uno de mis lugares favoritos: la Plaza de la Independencia. Sobre ella se alza un monumento ecuestre del General Artigas, padre de la independencia uruguaya, que domina majestuoso toda la plaza. Esta plaza también delimita el Centro de la Ciudad Vieja, a la que se accede por la Puerta de la Ciudadela y que da paso a Sarandí, la principal calle peatonal de Montevideo.

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La plaza está rodeada de hermosos edificios como el Palacio Salvo (en la esquina con 18 de Julio), la Presidencia de la República, el Teatro Solís (a la entrada de la Ciudad Vieja) o el hotel Radisson, desde cuya terraza se aprecian unas vistas impresionantes de la plaza y del palacio.

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Por último, nos despedimos de la capital uruguaya con una peregrinación al Café Brasilero, el más antiguo de Montevideo y cobijo de los intelectuales con más renombre del paisito. Aquí, hasta hace bien poco, podías tener la suerte de ver a Eduardo Galeano. Y digo suerte porque yo fui varias veces, y nunca conseguí encontrarme con él.

«Yo soy hijo de los cafés de Montevideo. Cafés como este, el más antiguo de todos. Cafés de los tiempos en los que había tiempo para perder el tiempo. En los cafés aprendí todo lo que sé. Fueron mi única universidad. Aprendí lo más importante». Cita textual de Galeano en una entrevista a Televisión Española en 2006.

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*Si queréis saber más sobre este increíble país, no dejéis de leer el resto de entradas sobre mi increíble experiencia en Uruguay

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8 Comments

  • Reply
    Ahora toca viajar (Cristina)
    27 mayo, 2016 at 14:54

    ¡Marta!

    Recién ayer por la tarde llegamos a Montevideo, y creo que me has sabido transmitir tu amor de verano por esta ciudad. Ojalá pueda enamorarme de ella solo un trocito de lo que tu lo hiciste, con ello ya seré feliz.
    Hoy empezaremos a recorrerla y ya te contaremos que tal.

    Un abrazo muy fuerte desde tu querida Montevideo

  • Reply
    Compañeros de ruta: Londres gastro, callejuelas de Beijing y amores viajeros – Diariodelviajero Rss | Ofertas de Vuelos, Hotel y Viajes
    17 enero, 2016 at 19:35

    […] ¿Alguna vez has pensado que una ciudad es como un amor de verano? La dueña de la Mochila de mamá sí, quien confiesa su romance estival por la ciudad sudamericana de Montevideo. […]

  • Reply
    krisporelmundo (@krisporelmundo)
    16 enero, 2016 at 14:56

    Gracias por acercarnos con tu post a esta ciudad que para mi es una gran desconocida. Y si en alguien despierta ese sentimiento de amor seguro es que tiene algo que ha la hace única. Ese asado… a estas horas, me ha parecido de lo más apetitoso.
    Un abrazo

    • Reply
      Marta Aguilera
      16 febrero, 2016 at 10:44

      Gracias Kris! Si pasas por allí, dedícale unos días para conocerla 🙂 Sí, lo de la carne allí es otro mundo. ¡Qué sabores! Un abrazo 🙂

  • Reply
    @lacosmopolilla
    15 enero, 2016 at 10:57

    Qué bonito paseo por Montevideo, Marta. Me encantaría experimentar ese amor de verano del que duele despedirse… Pero de éste seguro que cabe un reencuentro. ¿Sabes? No me gusta el mate, aunque igual tengo que hacerte caso y darle cinco sorbitos, porque creo que al segundo me tiró para atrás del amargor (y eso que me encanta el té, y lo tomo sin azúcar). Me quedo con la imagen de la plaza de la Independencia, tan «Europa», pero al otro lado del mundo. Y es que en las capitales del sur de América siempre sucede eso, esa mezcla de lugares únicos y otros que parece que nunca te fuiste de casa.
    Un besazo

    • Reply
      Marta Aguilera
      16 febrero, 2016 at 10:40

      Muchas gracias Patri! Sí, es un amor con el que espero reencontrarme más pronto que tarde 🙂 Un día me llevo el mate a una asamblea, jajajaja. Un besote guapa

  • Reply
    Andy
    14 enero, 2016 at 18:31

    Acabo de llegar de Montevideo! Es muy nostalgica y sobre todo tan querible!!! Fui varias veces y solo tengo buenos recuerdos. Me encanto el post!

    • Reply
      Marta Aguilera
      16 febrero, 2016 at 10:35

      Muchas gracias Andy! Montevideo es una ciudad entrañable y muy querida. Yo estoy deseando volver 🙂

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