Llegué a Montevideo para hacer una pasantía en uno de sus diarios más importantes: El País de Montevideo. Mi experiencia como periodista en Uruguay me empujó a salir de mi burbuja e ir más allá de lo que ve un turista o un alumno de intercambio. Me enfrentó a la cara más dura de cualquier ciudad y también a la más humana. Y aunque varios de los temas que propuse al final no pude publicarlos, su investigación y acercamiento me ayudó a conocer y comprender un poco mejor lo que tenía delante.
Experiencia como periodista en Montevideo
Mirar fijamente a los ojos de una realidad que sabes que existe pero que prefieres ignorar, no te deja indiferente. Y es que ver de cerca la situación de calle te deja, cuanto menos, pensando sobre el mundo en el que vivimos. Eso fue lo que me pasó cuando me acerqué con mi compañera del diario, Paula, a la calle Convención, en pleno centro de la urbe uruguaya. Los “nuevos vecinos” enganchados a la pasta base (una droga similar al crack elaborada con residuos de cocaína y procesada con ácido sulfúrico y con queroseno) no eran bien recibidos en el barrio. Pasar por esa zona te exponía a verles fornicando en las aceras, haciendo sus necesidades o cocinando. ¿La culpa? Nadie se preocupa en buscar culpables ni soluciones, solo quieren que les barran de allí y trasladen el “problema” a otra parte.
Pero toda moneda siempre tiene dos caras. La más agradable me la presentó Rodolfo Deambrosi, cuya labor con los niños de un barrio pobre era más que loable. La Fundación Don Pedro (fundada por él) les da un lugar donde jugar, hacer los deberes, participar en talleres y sobre todo donde estar seguros. Me recibieron entre abrazos, besos y miradas de curiosidad porque yo “era española”. Me hicieron bailar y cantar, participé en una carrera de coches e incluso me entrevistaron. Jamás en mi vida recibí tantas muestras de cariño de gente desconocida, y reconozco que me emocionó. El uruguayo derrocha amabilidad, y aunque es discreto en sus acciones y tenencias, la filantropía es una práctica de la que nadie debe avergonzarse.
Pero no puedo hablar de Montevideo sin mencionar a la gente que conocí y que hizo de mi estadía algo increíble e inolvidable. Desde los paseos en barca por Parque Rodó con Fran y Omar, hasta las partidas de Continental con ellos, Natalia y la abuela omnipresente. Los asados en 26 de marzo, las discusiones lingüísticas con mis compañeros del diario, esas charlas interminables con Arturo o aquella tarde en la Cinemateca en la que descubrí con Javi y Dani que todos tenemos “primos”. No podía despedirme del paisito de otra forma que haciéndoles un pequeño homenaje a mis queridos amigos de intercambio.
Más artículos para viajar por Uruguay
- Montevideo es como un amor de verano
- Anecdotario: El doble sentido del español
- Casapueblo, la ‘escultura habitable’ de Punta del Este
- Veo Veo #1. Aroma a Montevideo y yerba mate
- La Noche de la Nostalgia en Uruguay
- Mundial 2010 – Eurocopa 2012: Todos con La Roja
- Mi experiencia como periodista en Montevideo
- Mis recuerdos de Montevideo
- Mis lugares favoritos de Uruguay
- Montevideo: primeras impresiones a mi llegada a Uruguay
Recuerda que también puedes seguirme a través de mis redes sociales. ¡Te espero!
2 Comments
Natabella
20 abril, 2012 at 11:11Me encantan tus notas. Siempre vas a tener un lugar en Monteguay!
martaguilera
25 abril, 2012 at 10:35Gracias Nati! Te dediqué unas palabras en “Sobre mí” para reconocer la autoría del logo del Blog 🙂 Desde aquí: gracias otra vez!!