Castilla-La Mancha España

Visita a la Cueva del Niño en Ayna

7 septiembre, 2020

Situada a orillas del río Mundo, la Cueva del Niño alberga las pinturas rupestres más antiguas de Castilla-La Mancha. Fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, y son uno de los mayores tesoros histórico-culturales de Ayna.

Uno de los puntos fuertes de esta cavidad, más allá de las pinturas que hay en su interior, es su entorno. Está rodeada de un paisaje único y muy bien conservado dentro del valle del río Mundo. El paseo hasta la entrada de la cueva (1,7 kilómetros) discurre entre un bosque de pinos, sabinas y encinas.

A lo largo del trayecto hay dos paradas muy interesantes. Una de ellas es el barranco del Infierno, un vertiginoso mirador con una caída de 300 m desde donde hay una vista muy bonita de la peña de la Albarda, el punto más elevado de la comarca. La segunda es para ver los sopalmos. En esta zona había huertos y los vecinos de las aldeas aledañas de Los Luisos, El Avellano, San Martín… aprovechaban los abrigos en la roca para hacer pequeñas chozas conocidas como sopalmos. Las utilizaban para pasar el día y guardar los aperos, así no tenían que subir y bajar tantas veces.

Historia de la Cueva del Niño

Desde el punto de vista arqueológico, la cueva fue descubierta el 1 de mayo de 1970 por tres vecinos de Peñas de San Pedro. Advirtieron la existencia de una serie de pinturas y dieron parte de lo que habían encontrado. El primer arqueólogo que la estudió fue Martín Almagro Gorbea en 1971, y desde ese momento, la cueva pasó a ser uno de los pocos yacimientos de arte rupestre paleolítico existentes en la Meseta.

En 1973, la Universidad de Cambridge hizo una serie de excavaciones en la cueva y descubrió once niveles arqueológicos, o lo que es lo mismo, que había sido habitada en diferentes momentos de la Prehistoria. Se encontraron restos de osos y uros (toro primitivo), varias piedras talladas, restos de barro de vasijas… Muchos de estos hallazgos se encuentran en el museo Provincial de Albacete en una sala dedicada a la Cueva del Niño, otra parte se encuentra en Cantabria y otra en la Universidad de Cambridge. A raíz de estos descubrimientos, la Cueva del Niño se empezó a hacer popular y acabó sufriendo una serie de excavaciones ilegales. En una de ellas se encontró una vasija neolítica de unos 60 cm de altura en muy buen estado que por suerte se pudo recuperar.

Origen del nombre de la cavidad

Su nombre original era la Cueva de los Niñotes. Se lo pusieron los habitantes de los caseríos cercanos porque pensaban que los dibujos que había dentro los habían realizado los niños cuando salían a jugar. Y es que en esta zona manchega, no se dibujan monigotes, sino niñotes. De ahí viene el nombre que acabó evolucionando en la Cueva del Niño. Hay otra teoría que dice que se llama así porque en su interior hay estalagmitas que parecen dos niños jugando.

Qué hay en el interior de la Cueva del Niño

Esta cavidad albaceteña tiene 55 metros de profundidad y está divida en tres salas, aunque solo se pueden visitar dos de ellas. Destaca por la calidad artística de sus pinturas paleolíticas y por su excelente estado de conservación. En el exterior se encuentran pinturas de arte levantino. Este importante conjunto de pinturas rupestres del Paleolítico Superior y de arte levantino nos permiten acercarnos a la cultura y la forma de vida de los habitantes de la Cueva del Niño durante la Prehistoria.

* No está permitido tomar fotografías en el interior de la cueva.

Arte rupestre del interior de la cueva

La totalidad de las representaciones rupestres paleolítica son figuras de animales. Dentro de este arte naturalista, solo se dibujan unas pocas especies como los caballos, los bisontes, los uros, los ciervos y las cabras. Como veremos a continuación, el primer panel de la Cueva del Niño no supone una excepción al típico bestiario de arte rupestre paleolítico. Sin embargo, el panel de la segunda sala sí, ya que hay representada una serpiente.

La idea más extendida sobre el origen del arte paleolítico son los rituales para asegurarse una buena caza. Sin embargo, también se cree que las pinturas eran realizadas por un mero placer artístico. Lo que es evidente es que fuera por la motivación que fuera, formaron parte de la forma que tenía de comunicarse el hombre prehistórico.

Panel de la primera sala

Aquí encontramos el principal conjunto pictórico del yacimiento. Aunque normalmente el mayor número de pinturas suelen localizarse al fondo de las cuevas, en este caso es al contrario: se encuentra en la sala más próxima a la puerta de entrada.

La primera pintura que vemos es la más antigua de la cueva: un caballo. Es una figura muy esquemática (sin orejas y sin crin) que puede tener en torno a los 17.000 años. Sin embargo, la Universidad de Cambridge encontró un hueso con restos del pigmento con el que pintaban que revela que la pintura podría ser mucho más antigua, entorno a los 40.000 años. Pero este es un dato que aún no está confirmado.

Los recursos que utilizaba el hombre del Paleolítico para hacer estos murales eran muy diversos: sangre de los animales, barro de la cueva… Pero para que esta «pintura» se quedara adherida a la roca y no se desprendiera, debían mezclarlo con resina de los árboles u óxido de hierro.

La segunda pintura es una cierva superpuesta en un gran ciervo. No está completa y se barajan varios motivos: que no terminaran de dibujarla o que no tuvieran suficiente material para adherir la pintura a la piedra y se hayan desprendido partes. Esta cierva es anterior al ciervo que está dibujado encima.

La tercera pintura son dos ciervas enfrentadas. Este dibujo no es tan esquemático como las anteriores pinturas: tienen ojos y las patas ya no son simples líneas, si no que tienen cierto grosor. Los arqueólogos lo clasifican como pinturas tipo M porque el dibujo del vientre y las patas se asemeja a dicha letra.

Uno de los motivos de porqué las representan enfrentadas es porque se cree que pintan lo que se quieren encontrar al salir de la cueva, como si fuera un ritual. Entonces, encontrarlas en esta actitud les ayudaba a cazarlas con más facilidad.

Imagen cedida por Turismo de Ayna

La cuarta pintura es un ciervo con unos cuernos bastante altos. Al igual que la anterior pintura, también está dibujado siguiendo el modelo de tipo M. Siguiendo con la teoría del ritual de dibujar lo que quieren encontrar, el ciervo cuanto más grandes tiene los cuernos, más grande es y más cantidad de carne se puede sacar de él.

La quinta pintura es un macho de cabra montés. Tienen varios detalles muy importantes: ya empiezan a colorear, marcan la profundidad con una doble línea en el vientre y una pata adelantada para darle movimiento.

La sexta pintura es otro macho de cabra montés. Es de un color rojizo casi negro y muy similar al anterior. Está atravesado por una lanza.

La séptima pintura es un ciervo, el animal más representativo de la Cueva del Niño. Está superpuesto a la primera cierva y tiene muchos más detalles que el resto de las pinturas. Tiene dibujados hasta los músculos de las patas.

Panel de la segunda sala

Esta es la zona más oscura de la sala y está separada de la primera por una columna formada por estalagticas y estalagmitas. En ella se encuentra la representación más extraña del arte rupestre hasta la fecha: la serpiente.

La primera pintura es un macho de cabra montés. Tiene un cuerno más largo que otro y existen varias teorías: porque vieron un ejemplar con un cuerno roto tras alguna pelea con otro animal, o porque empiezan a introducir la perspectiva en las pinturas.

La segunda pintura es un caballo cuya pintura se ha ido desprendiendo. Se puede apreciar el lomo y dos líneas que formarían parte del cuello.

La tercera pintura son las serpientes, el animal más raro representado en arte rupestre. Se ven dos cabezas de serpiente diferentes. Este tipo de representaciones son muy excasas en el arte paleolítico, por lo que es muy difícil asignarlas a un periodo concreto de la prehistoria.

En 2004 se hizo otro estudio de la cueva y se encontró una pintura de un uro. Hay que echarle un poco de imaginación para verlo, ya que solo queda la línea del lomo, el trasero y la pata trasera. Por suerte, el guía te ayuda a seguir el trazo invisible de las líneas para visualizar al animal. También se ven cuatro huellas de dedo, faltaría el pulgar. Se cree que se apoyaron mientras dibujaban en la piedra o simplemente se limpiaron.

Arte levantino del exterior de la cueva

En el exterior de la cueva se encuentra una pequeña representación de arte levantino, que es la etapa de transición entre el Paleolítico y el Neolítico. Es un momento en el que empiezan los primeros cultivos y la ganadería, aunque siguen cazando.

Al contrario del arte paleolítico, en el levantino se suelen mostrar escenas donde las figuras humanas son las protagonistas. Las que encontramos en la Cueva del Niño no están muy bien conservadas, lo que dificulta bastante su interpretación.

En el primer dibujo se ven dos personas que parece que están danzando. En el segundo, se ven también dos personas donde una de ellas sujeta un arco. Son trazos muy esquemáticos sin apenas detalles.

Cómo visitar la Cueva del Niño

Para conocer esta importante cueva albaceteña, se debe contratar una visita guiada en la oficina de turismo de Ayna. Se sale en coche desde el rincón de La Toba por la carretera que lleva a Elche de la Sierra (18 kilómetros). Después, hay que caminar 1,7 kilómetros por un sendero con un fuerte desnivel. Aunque no es mucha distancia, la pendiente es dura y bastante pedregosa, por lo que es recomendable llevar calzado de montaña

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Viaje organizado por | Escapada Rural y Turismo de Ayna. Todas las opiniones vertidas son únicamente mías y totalmente honestas.

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