Castilla-La Mancha España

Ayna, el corazón de ‘La Suiza Manchega’

23 junio, 2020

Enclavada en plena sierra del Segura y en el estrecho cañón del río Mundo, nos encontramos con la bonita localidad de Ayna. Su entorno natural es su mayor riqueza, y su similitud con los paisajes alpinos le ha valido el sobrenombre de «La Suiza Manchega». Además, este pueblo de Albacete opta a convertirse en Capital del Turismo Rural en España 2020.

Se caracteriza por estar escoltada por una gran montaña y sus abruptos alrededores la convierten en una de las poblaciones más pintorescas de la zona. Pero este encantador municipio también tiene un rico patrimonio histórico y cultural, y una deliciosa gastronomía. ¿Te vienes a conocerla?

Los orígenes de Ayna

Antes de empezar a recorrer este pueblo albaceteño, es importante conocer sus raíces. Ayna es un nombre de origen musulmán que tiene dos traducciones al árabe. Por un lado, significa «fuentes escondidas«. Se dice que este nombre proviene del arroyo o cascada de la Toba porque el agua de este manantial surgía de 15 fuentes que nacían a borbotones de la tierra. Otra de sus acepciones es «ojos bellos o que te embellecen la mirada«. Esta última definición se cree que es por el precioso enclave en el que está situado el pueblo.

Se cree que los musulmanes se asentaron en esta zona por dos motivos: por tener un terreno muy fértil para el cultivo, y porque en la zona del casco antiguo hay un cortado en la roca que les servía de muralla natural. Sin embargo, aunque el primer asentamiento de Ayna fueron los musulmanes, gracias a los hallazgos de la Cueva del Niño, se sabe que el hombre primitivo ya danzaba por estas tierras en el Paleolítico.

Uno de los legados más importantes que dejaron en el pueblo fue el sinuoso entramado de callejuelas del casco antiguo. Un auténtico laberinto para aquel que no conoce el mapa de Ayna, que sirvió a los musulmanes para despistar a los posibles enemigos.

Qué ver en Ayna

La ruta amanecista, el orgullo de Ayna

En Ayna amanece del revés y si no sabes de lo que te hablo es que no has visto Amanece que no es poco, la película más surrealista del cine español. José Luis Cuerda rodó esta delirante historia en 1988 en los municipios de Liétor, Molinicos y Ayna, siendo esta última la que más localizaciones concentró. Con el paso de los años, este soberbio ejemplo de humor absurdo e irreverente se convirtió en película de culto, congregando a hordas de fans en este pequeño enclave de la sierra del Segura.

Hace ya unos años, desde Ayna crearon la Ruta Amanecista, por lo que es muy fácil toparte por el pueblo con carteles que señalizan localizaciones del film. Aunque la mayoría de ellas son privadas, abren al público una vez al año durante las Quedadas Amanecistas, que se celebran el primer fin de semana de junio. Estas reuniones se gestaron en las redes sociales en 2010, y con el paso del tiempo han pasado a formar parte, con mucho orgullo, del apretado calendario de festividades de Ayna. En estos encuentros se recorren todos los escenarios de la película, se recrean escenas e incluso se disfrazan de los personajes.

En 2018, coincidiendo con el 30 aniversario del rodaje, se quiso homenajear a los vecinos que habían participado como extras en la película con unas placas conmemorativa en recuerdo al personaje que interpretaron. Estas distinciones se pueden ver prácticamente en cada casa del pueblo, pues en torno a un 80% de Ayna se involucró en el rodaje. Además, al Centro Social y Cultural se le llamó José Luis Cuerda en homenaje al cineasta que catapultó a esta bonita localidad albaceteña hasta el estrellato.

Por último, en la antigua ermita de Nuestra Señora los Remedios se encuentra el centro de interpretación dedicado a la película. Es un laberinto de pasillos donde podemos ver desde paneles explicativos, hasta curiosidades del rodaje, apariciones en prensa, atrezzo y parte del documental que se rodó por su 20 aniversario. Desde luego, todo un parque de atracciones para un auténtico amanecista.

Pero además de una parada imprescindible de la ruta, esta ermita guarda uno de los mayores tesoroso de Ayna. Si elevas la mirada al techo, podrás deleitarte con el precioso artesonado mudéjar del siglo XVI realizado en madera de pino. Fue declarado Patrimonio Cultural en 1992 y es una pieza única que presume de no estar restaurada.

La ruta de los miradores

Ayna gira entorno a Los Picarzos, la montaña de ocho picos más representativa del pueblo, y uno de sus grandes atractivos son los miradores. Prueba de ello son los cinco que hay en la localidad.

Para empezar, antes de llegar al pueblo encontramos el mirador del Diablo. Se encuentra a 1,5 kilómetros, en el estrecho del Gargantón, y desde aquí hay una espectacular vista panorámica de Ayna atravesada por el río Mundo. Un delicioso aperitivo para lo que nos espera y una de las mejores vistas sin ninguna duda.

Un poco más abajo, justo antes de llegar al pueblo, se encuentra el mirador de La Rodea Grande. Lo primero que vemos es una réplica del sidecar en el que llegan al pueblo Antonio Resines y Luis Ciges en Amanece que no es poco. Es, por lo tanto, la primera parada de la Ruta Amanecista.

Otro mirador muy interesante es el Balcón de Los Picarzos, desde donde puedes mirar cara a cara esta montaña tan querida por los ayniegos. Se encuentra en la terraza del Centro Cultural y Social José Luis Cuerda y es un lugar perfecto para ver la iluminación nocturna de esta montaña.

En el pico más cercano a Ayna hay una bandera de España y una réplica de la patrona Santa María de lo Alto. Llegar hasta aquí arriba no es sencillo pero tampoco imposible. Tendré que volver a comprobarlo, porque desde ahí arriba sí que tiene que haber unas vistas impresionantes de la zona.

La tradición de subir la bandera a lo alto del pico la comenzaron los quintos antes de entrar la mili. Ahora se encargan de hacerlo los grupos de amigos del pueblo. El porqué hay una réplica de la patrona de Ayna ahí arriba tiene una explicación muy sencilla y es que es en honor al himno del pueblo que dice:

Y tan solo yo quisiera

que allí arriba en Los Picarzos

estuviera la patrona

que es María de lo Alto

El balcón de Las Mayas es quizá mi punto favorito para contemplar el pueblo. Se encuentra en la parte alta y se llega hasta él atravesando una grieta en la roca (la Cueva de los Moros). Desde aquí vemos muy de cerca las casas con tejados naranjas apiladas unas sobre otras. Es, sin duda, una de las imágenes más bonitas de Ayna.

Tanto el balcón como la cueva se encuentran en los restos del castillo de la Yedra, una antigua fortaleza de origen islámico. Este mirador se llama así porque aquí se cantaban las mayas, es decir, los amoríos del pueblo.

La señorita Luisa

que es más linda que una rosa,

el señor Antonio

la pretende como esposa

Si lo que se cantaba era verdad, se lanzaban cohetes. Y si era mentira, se colocaba una traca. Se dice que de estos cantos al amor provienen los dichos «Esto es de traca» (para decir que algo no puede ser cierto) y «No está para tirar cohetes» (que no hay que alegrarse).

Si seguimos una ruta que sale del área recreativa de Ayna (Sendero de Los Picarzos- Camino de los Esparteros), se llega hasta el mirador de Peñapesquera. Este punto ofrece una perspectiva totalmente diferentes a los otros miradores. Se encuentra en la ladera de Los Picarzos y regala una vista frontal del pueblo escoltado por el monte San Urbán.

Por último, está el mirador de los Infiernos. Es una ventana natural con vistas al valle del río Mundo que se encuentra en la pedanía de Royo Odrea. Una parada imprescindible si decides visitar la «Suiza Manchega».

Vestigios prehistóricos en la Cueva del Niño

La Cueva del Niño es la cuna del arte rupestre albaceteño. Sus pinturas del paleolítico superior y de arte levantino son las más antiguas de Castilla-La Mancha y fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.

La cueva, de unos 60 metros de profundidad, fue descubierta en 1970 por un grupo de excursionistas. Aunque se divide en tres salas, solo se pueden visitar dos. En cada una de ellas encontramos pinturas rupestres del Paleolítico Superior fechadas entre el 10.000 y el 15.000 a.C. Mientras en su exterior se pueden ver las de Arte Levantino. En total, hay unas 17 figuras talladas en la roca por el hombre prehistórico. Todas ellas en tonos rojizos y muchas atravesadas con lanzas. Se cree que esto era un rito para atraer una buena jornada de caza.

Imagen cedida por Turismo de Ayna, ya que en el interior de la cueva está prohibido hacer fotografías

Cómo visitar la Cueva del Niño

Visitar este vestigio prehistórico es toda una experiencia. No solo por las joyas tan bien conservadas de su interior, si no por el camino que hay hasta llegar allí. La Cueva del Niño se encuentra en un entorno privilegiado: entre los picos Halcón (1.232 m) y Albarda (1.250 m), en la margen derecha del río Mundo. El paisaje que la rodea es precioso y ya solo por ello merece la pena la pena llegar hasta aquí.

Es una visita guiada que se puede contratar en la oficina de turismo de Ayna, Se sale desde el rincón de La Toba por la carretera que lleva a Elche de la Sierra unos 18 kilómetros en coche. Luego hay que hacer 1,7 kilómetros a pie por un sendero con un fuerte desnivel. Aunque no es mucha distancia, la pendiente es dura y bastante pedregosa, por lo que es recomendable llevar calzado de montaña

A lo largo del camino te sorprenderás de los increíbles paisajes que pueblan la sierra del Segura. En el trayecto hay dos paradas muy interesantes. Una de ellas es el barranco del Infierno, un vertiginoso mirador con una caída de 300 m desde donde hay una vista muy bonita de la peña de la Albarda, el punto más elevado de la comarca. 

Otra de las paradas es para ver los sopalmos. En esta zona había huertos y los vecinos de las aldeas aledañas de Los Luisos, El Avellano, San Martín… aprovechaban los abrigos en la roca para hacer pequeñas chozas conocidas como sopalmos. Las utilizaban para pasar el día y guardar los aperos, así no tenían que subir y bajar tantas veces.

Sendero de Los Picarzos-Camino de los Esparteros

El entorno natural de Ayna es uno de sus grandes atractivos. Al encontrarse en un valle escoltado por un precioso paisaje de piedra y vegetación, se convierte en un destino muy sugerente para los amantes de la naturaleza. De hecho, es una zona muy conocida por sus zonas de escalada y por sus rutas de senderismo, en concreto la GR67.

Una de las rutas más fáciles, bonitas y para todos los niveles es el Sendero de Los Picarzos-Camino de los Esparteros. Es un paseo de apenas 4 kilómetros que comienza a 300 metros del hotel Felipe II, en la carretera que va a Elche de la Sierra. Baja hasta el área recreativa de El Tiñoso (un lugar perfecto para hacer un picnic y pasar la tarde al lado del río) y sube por la montaña por un camino repleto de espateros. Este sendero es paralelo a la GR67, ya que esta discurre a orillas del río. Sin embargo, este paseo alternativo mejora mucho la experiencia porque ves el río pero vas caminando por la montaña.

Esta ruta bordea Los Picarzos y pasa por el mirador de Peñapesquera. Continúa hasta al río pero en la otra punta del pueblo. Es un buen momento para acercarte a ver dos de las localizaciones más famosas de Amanece que no es poco: el bancal con los hombres plantados y el huerto de la oda a la calabaza.

Un pueblo de leyendas

Reconozco que me encanta que me cuenten historias, y si son leyendas, ¡mucho más! Durante la visita guiada por el centro de Ayna, nos contaron un par relacionadas con el paisaje rocoso que la envuelve. ¿Preparados?

Leyenda de Peña Mujer

Tras un desprendimiento de rocas en los años 30, desapareció una mujer del pueblo. Dicen que quedó atrapada en una roca y que todas las noches de San Juan, esta roca se abre para que salga la señora a terminar su labor: bajar al río a lavar la ropa. Parece ser que si te encuentras con ella a su vuelta, te pedirá que la peines. Si no lo haces, te llevará con ella dentro de la roca.

Cuenta la leyenda que en el momento que se llevara a alguien consigo, la yedra que envuelve la roca se secaría. Hace unos años, se secó pero por suerte ningún vecino ni visitante ha echado de menos a nadie. El propietario del huerto de al lado decidió enredar otra yedra en torno a la roca para mantener viva la leyenda.

Esta roca se puede ver perfectamente desde el Balcón de Los Picarzos. Y si te quieres acercar un poco más, pasarás por delante si bajas a pasear por la zona del río.

Leyenda de El Peñón

Este famoso peñón ayniego es conocido como «El Peñón de Miguel», por ser Miguel el vecino que vive en la casa que hay debajo. Es una de las tantas rocas que sobresalen entre las callejuelas del casco antiguo y que te hacen imaginar a Ayna tallada en la montaña.

Cuenta la leyenda que este peñón no se cae porque está sujeto por un pelo del cabello de la virgen. Sin embargo, hace muchos años hubo un desprendimiento bastante importante, lo que obligó a los vecinos a reforzar sus grietas con mortero de cemento. A veces no está de más una pequeña ayuda a las divinidades para mantener vivas las leyendas y mantener seguro al pueblo.

Una vista al pasado en el museo etnológico

Este pequeño museo se encuentra en la Plaza Mayor y está compuesto por objetos donados por la gente del pueblo. Se divide en tres plantas en las que se encuentra reproducida una cocina, un dormitorio, una cuadra, una sala de utensilios antiguos y otra con aperos. Su visita ilustra de forma magistral la importancia que tuvo el esparto en la economía de Ayna.

Hasta la década de los 80, la producción de esparto era la principal fuente de ingresos del pueblo. Lo mismo sucedía en otras localidades de la comarca como Hellín y Elche de la Sierra. En Ayna llegó a haber hasta tres fábricas de esparto, pero a finales de los años 70 cerró la última. Hoy en día solo se trabaja el esparto de forma artesanal y para uso decorativo.

En el museo también podemos ver colgadas dos máscaras bastante llamativas. Son «Trompalobos» y «Trompalápices», los dos personajes principales del carnaval de Ayna. Mientras que en casi toda España esta fiesta termina el miércoles de ceniza, en esta localidad no ha hecho nada más que empezar. Ese día salen estos dos personajes por las calles del pueblo: «Trompalobos» es el malo y el que asusta a los vecinos, y «Trompalápices» es el bueno que les echa ceniza.

La joven iglesia de Santa María de lo Alto

Santa María de lo Alto es la patrona de Ayna, pero no se llama así porque la réplica de la virgen que corona Los Picarzos. Desde luego en este pueblo no se puede dar por hecho nada porque siempre hay una historia detrás de la evidencia.

Pero empecemos por el principio. Durante muchos años se la conoció como la Virgen de la Raja por dos teorías: porque a una vecina del pueblo se le apareció la virgen en una grieta y porque donde se construyó la iglesia había rocas agrietadas. Sin embargo, llegó un momento que a los vecinos les resultaba raro e incluso feo decir que iban a ver a la Virgen de La Raja, por lo que comenzaron a llamarla la Virgen de lo alto del pueblo (el casco antiguo está más bajo que la iglesia). Y así fue como pasó de ser la Virgen de la Raja a la Virgen de lo Alto.

A principios del siglo XV, se construyó una ermita a esta virgen sobre la torre del homenaje de la fortaleza musulmana. A principios del siglo XVI, la ermita estaba en tan mal estado que decidieron derribarla excepto la torre. Su idea era construir una iglesia más grande para que cupiese todo el pueblo, pero las obras se pararon durante más de 400 años y no se retomaron hasta 1950. Durante esos cuatro siglos, las misas se oficiaban en la ermita de Nuestra Señora de los Remedios.

Tallas y pinturas del interior de la iglesia

Las pinturas del altar mayor de la iglesia se realizaron en 1963, 10 años más tarde de su inauguración. Son obra del pintor madrileño con raíces ayniegas Luis José Calderón y representa partes de la vida de Jesús: Anunciación, Nacimiento, Muerte y Coronación de la virgen.

Esta obra tiene varias curiosidades:

  • Esta iglesia es en uno de los pocos lugares donde se puede ver representado a Dios (en la parte central).
  • El autor utilizó a la gente del pueblo como modelos para pintar las caras de los personajes.
  • Arriba hay una cruz que independientemente desde donde se la vea, que parece nos mira. Se conoce como perspectiva cónica.

En la iglesia hay varias tallas muy queridas por los ayniegos, aunque desgraciadamente casi todas son réplicas, pues durante la Guerra Civil muchas fueron quemadas en la plaza del pueblo. Es el caso de la Virgen de lo Alto, que es una réplica en madera, la de Jesús Nazareno, o la del Niño a la pata coja. Esta última no fue quemada, sino que desapareció y a día de hoy sigue en paradero desconocido. Es la talla más querida del pueblo. Tanto es así que al domingo de Resurrección, en Ayna se conoce como el Día del Niño. Al parecer esta localidad es de las pocas de España en las que la resurrección se representa con un niño.

La ermita de Santo Cristo de Cabrillas

Esta pequeña ermita se encuentra en el barrio de Santo Cristo, que se caracteriza por sus callejuelas propias del entramado árabe y por ser el único de Ayna con festividad propia. Es un edificio muy chiquitito de planta cuadrada que solo se abre dos veces al año: el viernes de Dolores y el primer fin de semana de mayo. En ambas fiestas, los vecinos lo sacan de procesión. En la primera por las calles del barrio y en la segunda hasta el río.

Para entender el porqué de esta ermita y su nombre, tenemos que remontarnos a Burgos en la Edad Media. En la catedral de esta ciudad hay una capilla dedicada al Santísimo Cristo crucificado. Un noble burgalés, que tuvo que desplazarse a Jaén y que sentía un gran fervor por esta imagen, decidió encargarle a un pintor un lienzo sobre el Santo Cristo para llevárselo consigo.

El noble mandó todas sus pertenencias con un grupo de arrieros que pasó la noche en la aldea de Cabras, antes de llegar a Jaén. La mujer que les dio posada tenía una mano enferma y ellos le hablaron de la imagen del Santo Cristo que estaban trasladando. Ella quiso verla y al desenrollar el lienzo, ¡la mano se curó! Este suceso le dio muchísima fama y se le empezó a conocer como el Santo Cristo de Cabras.

Años más tarde, un vecino de la sierra del Segura y descendiente de Jaén llegó a Ayna con su burro cargado con cántaros de aceite para venderlos. El animal resbaló subiendo una cuesta y el señor se encomendó al Santo Cristo de Cabras para que se salvara. Así fue, y como agradecimiento decidió comprar ese terreno y construir una ermita dedicada al Santo Cristo de Cabrillas. Como curiosidad, este edificio religioso no pertenece a la Iglesia, si no a los vecinos de Ayna. Ellos son los que la cuidan y custodian.

Dónde comer y dónde dormir en Ayna

Y ahora llega una de las partes más importantes de una escapada, ¡sea a dónde sea! Comer bien y alojarte en un lugar cómodo y agradable, suele ser el punto diferencial entre una gran experiencia y una normal.

Restaurantes ayniegos

Ayna destaca por su huerta y producto local. El cordero segureño, los torreznos, los gazpachos manchegos, las migas, la miel, las hojuelas, los suspiros… forman parte de la rica gastronomía de este pueblo albaceteño.

El Goterón es el típico bar-restaurante de raciones y punto de encuentro de la gente de Ayna. Ese lugar en el que te sientes como en casa y además comes rico. La sepia a la plancha, la piruleta de gambón o la magra son algunas de las raciones que no debes perderte. Uno de sus puntos fuertes son las vistas a Los Picarzos desde el comedor. Tuve la oportunidad de verlos desde ahí con la iluminación nocturna, y es todo un espectáculo.

Casa Segunda es el restaurante más típico de Ayna. Tiene una cocina tradicional exquisita y el cordero segureño a la brasa es su seña de identidad. Otro de sus platos estrella son las patatas al montón. Qué sencillez y qué ricura al mismo tiempo. Para rematar la experiencia, lo mejor es comer en la terraza con, como no, vistas a Los Picarzos. Prometo que no te cansas nunca de verlos.

En el restaurante del Hotel Felipe II también se come de lujo. Las croquetas de pollo, gallina y garbanzos, son una delicia. Confieso que cuando me dijeron de qué estaban hechas, pensé: «Ay madre mía, que no me van a gustar nada». ¡Qué equivocada estaba! Estaban exquisitas y así les pedí que se lo transmitieran al cocinero y creador de la receta. La focaccia casera con salmón ahumado, queso, remolacha y cebolla caramelizada también fue una grata sorpresa. Nuevamente, desde la terraza de este restaurante, hay una vista muy bonita de la sierra del Segura, de las casitas ayniegas y, como no, de Los Picarzos.

El Casino es un restaurante que fusiona la cocina tradicional con un toque moderno. Un lugar muy cuidado estética y gastronómicamente hablando. Pero hablemos de lo que realmente importa: su comida. Mis platos favoritos, esos que creo que no te debes perder si decides comer aquí, son el yogurt casero con miel de Ayna y los torreznos, ¡sublimes! Sin ninguna duda, su plato estrella. A diferencia del resto de restaurantes ayniegos, El Casino no tiene vistas a Los Picarzos. Sin embargo, cuenta con una cueva en su interior muy agradable y súper cotizada.

Un alojamiento con vistas

El hostal rural Miralmundo fue mi casa durante mi pequeña escapada a Ayna. Un alojamiento sencillo, cómodo, tranquilo, acogedor y con unas increíbles vistas a Los Picarzos y al pueblo atravesado por el río Mundo. Con paisajes así dándote los buenos días, ¡es imposible levantarse con mal pie!

Desde luego, la opción perfecta para pasar unos días recorriendo la sierra del Segura. Y como dice el estribillo del himno del pueblo, «Ay Ayna, ojos bellos, quien te mira vuelve a verlos», y yo espero volver muy pronto a reencontrarme con esos ojos que tanto me ha gustado mirar.

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Viaje organizado porEscapada Rural y Turismo de Ayna. Todas las opiniones vertidas son únicamente mías y totalmente honestas.

3 Comments

  • Reply
    Germán
    10 julio, 2020 at 10:53

    Hola Marta,

    Enhorabuena por tu blog, soy de esa sierra de Albacete y es una zona super desconocida y que rompe los tópicos sobre esa provincia llana y seca. Solo una duda: ¿Por qué escribes Ayna con diéresis en la Y? Nunca lo había visto así escrito, ni en cartelería ni en documentos oficiales. Saludos!

  • Reply
    miriam
    23 junio, 2020 at 17:18

    Me ha encantado el post, en breve visitare este pueblo

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