Anecdotario Costa Este Estados Unidos

Anecdotario: El día que Nueva York se apagó

30 septiembre, 2014

El apagón de Nueva York de 2003, nos cogió por sorpresa a mi familia y a mí. Fue un viaje inolvidable que nos ha regalado multitud de anécdotas y divertido muchas sobremesas. Desde luego, fue el viaje de los incidentes, de los surrealismos, de enormes negros 4×4, de la cabezonería de mi abuela, de la felicidad de mi abuelo… pero eso da para otra entrega de Anecdotarios, cuando vuelva a estar inspirada.

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Apagón de Nueva York en 2003

Esta historia sucedió un 14 de agosto de 2003. Pero para comprender bien el verdadero drama de lo que pasó, debemos retroceder a la noche del 13 de agosto. Durante nuestro último paseo nocturno por la Gran Manzana, se me ocurrió hacer una inocente pregunta mientras miraba embobada los rascacielos iluminados: «¿te imaginas que se fuera la luz en Nueva York?». Entonces mi madre, muy ilustrada ella y conocedora de todo (así son las madres), me explicó que hubo un apagón en Nueva York en 1977. Un suceso que degeneró en una oleada de delincuencia con multitud de saqueos y detenciones.

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Nuestro último día en la Gran Manzana pintaba genial. Pasamos la mañana paseando por Central Park, bajamos la 5th hasta el final e hicimos las últimas compras. Recuerdo que cuando fuimos a pagar la comida, no funcionaba ninguna de nuestras tarjeta de crédito. No quedó más remedio que gastar los últimos dólares allí. Nos quedamos sin un centavo, pero daba igual: solo nos quedaban unas pocas horas en la ciudad.

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Nadie quiere quedarse en Manhattan

Nuestra última parada era la tienda Nike de la 5th avenida. Mi hermano llevaba 10 días volviéndonos locos con unas zapatillas y por fin había decidido comprárselas. De camino nos fijamos que no funcionaban los semáforos. Pero bueno, sin más. En Madrid cada dos por tres tienes algún semáforo que no luce y toca jugarse el tipo para cruzar.

De repente nos dimos cuenta de que íbamos en dirección contraria al resto de la gente. Mientras nosotros subíamos por la 5th, la gente bajaba hacia la zona financiera. Esto ya nos empezó a inquietar. La ciudad seguía inmersa en su bullicio habitual pero esta vez un poco más intensificado por los constantes pitidos de los coches y sirenas, muchas sirenas.

Le preguntamos a una hispana bastante inquieta qué pasaba. Nos dijo que la CNN hablaba de un atentado en Manhattan y que recomendaban salir de la isla. Jodidos americanos, pensé. Mis padres decidieron volver al hotel. Así que continuamos caminando a contracorriente y empezamos a fijarnos más en la gente. Caras serias, preocupadas, paso rápido y voluntarios que dirigían el tráfico. Ambulancias, coches de policía y bomberos que trataban de abrirse paso con bastantes complicaciones en todas direcciones. Y nosotros continuábamos adentrándonos en la isla. Varias personas nos alentaron a salir de Manhattan, pero nosotros preferimos llegar al hotel donde habíamos quedado con el transfer para que nos llevara al aeropuerto.

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Cuando llegamos preguntamos en recepción qué pasaba. Nos dijeron que se hablaba de un atentado y que por favor nos quedáramos en el hall. Obviamente no hicimos caso. Mientras mi madre gestionaba con ellos una habitación para los 6, nosotros nos acercamos a la Estación Central. La gente salía despedida de allí, como locos, aterrados. Escuchabas a los hispanos decir que otra vez no por favor. Que qué culpa tenían ellos. Espeluznante. Nos extrañaba mucho que se hablara tan alegremente de un atentado sin dar más datos. Era raro, pero la situación no daba pie a otras interpretaciones. En ningún momento se escucho nada sobre un apagón en Nueva York.

La locura se desata para salir de Manhattan

Volvimos al hotel que estaba completo y no podía alargar nuestra estancia una noche más. Además, no teníamos dinero (lo habíamos gastado todo en la comida) y las tarjetas no funcionaban. No conseguíamos hablar con el transfer y cada vez veíamos más complicado que llegara a recogernos. Y si lo hacía, seguramente no llegaríamos a tiempo al aeropuerto (si es que el espacio aéreo seguía abierto). Se nos planteaba un panorama bastante turbio.

Mientras mi madre y mis abuelos se quedaron el hall del hotel, mi curiosidad arrastró a mi padre y a mi hermano a la calle. Alucinamos con la gente. Un asiático paró un taxi y le ofreció 6.000$ para que le sacara de la isla. El taxista le dijo que no, que no estaba de servicio y que se iba a su casa. También vimos a un chico preocupado porque se casaba en unos días y su novia y toda su familia llegaban esa noche a la ciudad. La gente estaba desesperada por salir y prácticamente no les quedaba más remedio que hacerlo a patita pues los puentes estaban colapsados.

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De repente llegó nuestro transfer. Bastante más temprano de lo que debía porque cuando escuchó las noticias decidió ir a por nosotros y esperarnos allí. Una pareja de portugueses nos preguntó si podíamos llevarles y como iban al mismo aeropuerto, se sumaron. El conductor no nos dio ninguna esperanza de llegar a tiempo porque Manhattan estaba colapsada, pero lo iba a intentar. A nosotros nos pareció bien y a los portugueses también. Así que emprendimos el camino. Aunque íbamos con tiempo de sobra llegamos por los pelos a facturar. Incluso dio tiempoa que mi abuela liara una de las suyas con el típico poli negro de las películas, pero eso es otra historia.

Conseguimos salir de la isla

Con la lengua fuera, nos acomodamos en un avión gigante prácticamente para nosotros solos. Ocupamos 6 filas bien alejaditos los unos de los otros para estirarnos a gusto y dormir. Muy aliviados, poníamos punto final a nuestro viaje y a este día tan caótico e intenso en la ciudad de los rascacielos.

Aterrizamos en Lisboa, donde hacíamos escala, y cogimos la prensa española. En portada: Apagón de Nueva York. Nos miramos los 6 y nos echamos a reír. Nos dimos cuenta de lo perturbada que está la sociedad americana y de la fe ciega que tienen a todo lo que les cuenta la CNN. Lo que sucedió el 11S fue una tragedia que esperemos no se vuelva a repetir jamás en ningún lugar del mundo, pero les ha dejado completamente obsesionados con la seguridad (prueba de ello la que me organizaron en mi último viaje a Nueva York) y es algo que han extendido al resto del planeta.

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En el vuelo hacia Madrid, se me ocurrió plantearle a mi madre otra inquietud: «si el equipaje no llega a Madrid, ¿qué probabilidad hay de recuperarlo? Es que metí en la maleta los carretes de fotos y no me gustaría perderlos». Cuando aterrizamos en Barajas y nos dijeron que las maletas se habían quedado en Lisboa, mi familia me fulminó con la mirada.

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12 Comments

  • Reply
    Elena
    2 octubre, 2014 at 20:17

    Madre mía, qué bueno! Yo me acuerdo un poco de leer sobre el apagón pero no me quiero ni imaginar lo que debió ser estar allí, mi familia se hubiera puesto de los nervios no como la tuya. Sigues siendo tan gafe? Porque no se si invitarte a Londres, jeje

    • Reply
      Marta Aguilera
      3 octubre, 2014 at 10:20

      La verdad es que mis padres guardaron bastante la calma para no asustarnos a mis abuelos, a mi hermano y a mí. Jajajaja, hace tiempo que no «hago una gafada», así que puedes estar tranquila 😛 ¡Pero no prometo nada! Jajajaja.

  • Reply
    La Furgoteta
    2 octubre, 2014 at 14:39

    Yo me habría contagiado de la histeria colectiva y no hubiese parado de correr hasta llegar a Florida. 😉

    • Reply
      Marta Aguilera
      3 octubre, 2014 at 10:21

      Jajajajaja, mira, no hay mal que por bien no venga: un poquito de deporte siempre es bienvenido 😛 Gracias por vuestro comentario!

  • Reply
    De ilusión a recuerdo
    30 septiembre, 2014 at 16:48

    ja,ja… como molan estas historietas. Eso sí porque os lo tomastéis muy requetebien que yo sé de alguna otra familia que hubiera perdido los nervios y habrían caído presa de la histeria.
    Un abrazo

    • Reply
      Marta Aguilera
      30 septiembre, 2014 at 17:05

      Fue tan surrealista el viaje que ya no nos extrañaba nada!! De todas formas, mis padres guardaron la calma en todo momento y eso hizo que mis abuelos, mi hermano y yo estuviéramos súpertranquilos sabiendo que «todo estaba bajo control».
      Un abrazo!

  • Reply
    Nazaret
    30 septiembre, 2014 at 16:30

    ¡Qué interesante! No sabía nada de eso… La verdad es que son experiencias para ti y así puedes compartir estas curiosidades con nosotros en el blog.

    ¡Saludos!

    Nazaret

    • Reply
      Marta Aguilera
      30 septiembre, 2014 at 17:02

      Y menuda experiencia!! La verdad es que lo recordamos mucho en las comidas familiares 🙂
      Un saludo!

  • Reply
    Alícia Bea
    30 septiembre, 2014 at 16:23

    Madre mía. ¡Menuda aventura! Cuando vuelva a viajar contigo recuérdame que no te deje abrir la boca jajaja. ¡Saludos!

    • Reply
      Marta Aguilera
      30 septiembre, 2014 at 17:00

      Jajajaja, tengo otra parecida… por eso ya no planteo inquietudes en voz alta 😀

  • Reply
    Sonia
    30 septiembre, 2014 at 15:36

    Jajajaja, qué bueno! Un poco gafe si parece que eres Marta. Pero yo siempre digo que tanto mejor… Más anécdotas para el blog!!! Yo ya ando preparando un artículo con todas las anécdotas del último viaje!

    Un abrazo!
    Sonia

    • Reply
      Marta Aguilera
      30 septiembre, 2014 at 16:58

      Jajajaja, la verdad es que en este viaje nos pasó de todo 😛 Ganas de leer esas anécdotas viajeras!!
      Un abrazo!

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